"...Hay veces, que mi ser se cubre de oscuridad, y desearía escapar, muy lejos, a donde nadie me encuentre, y mi alma, pese al dolor, alcanza a guiar, si acaso, a mi mano izquierda..."

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jueves, 1 de septiembre de 2011

NOVA-GEN ALPHA. En el Vertedero II, Miker.

“Biiiiiip........ Biiiiiip.......Biiiiiip”...

El sonido de mi tarjeta me hizo despertar.... primero un resplandor taladró mis ojos, la broca me llegó hasta el cerebro. Como pude me senté, chequé la pantalla; mi jefe. Modo audio, el último informe indicaba que el pathfinder había emitido una alarma, balbucee una explicación, le oí despotricar unos 5 minutos, quizá más, intenté ponerme de pie, y la mordida en la pantorrilla ardió, -me mordió una rata ciega...-, musité, y el parloteo cesó. -¿Un khuoglutz, estás seguro...?-, -Sí, uno de esos, arde bastante...-. Creo que una demanda por riesgo de trabajo aplacó su ánimo, las instrucciones fueron precisas, el Recolector no llegaría a este lado del satélite hasta que saliera el sol, en unas 46 horas, en el depósito había una cápsula médica de emergencia, quizá el veneno no les hiciera efecto a los k... a las ratas, pero quizá a mí sí, lo primero era un lavado gástrico y un enema (¿Quién hijo de m...mil demonios inventó eso...?).

la cápsula contenía un cóctel proteico para limpiar y sanar la herida, pesaba, estaba hecha para que, en casos graves, una persona pudiera entrar cómodamente y sumergirse en el cóctel, excelente, sólo que el idiota que la diseñó olvidó ponerle ruedas... afortunadamente el remolcador de emergencia tuvo la suficiente energía para moverla.

Me acomodé en un sillón y me hice los respectivos lavados. No, un maldito enema no es para nada agradable, ¿Saben?, creo que nunca me había sentido tan ultrajado en toda mi vida. Un terrible ardor durante el lavado gástrico me recordó que no había comido nada... ¿A qué sabrán las ratas?, pensé, las nauseas me invadieron al momento, había unos emparedados de... algo en el frigo, los comí mientras sumergía mi pierna en la cápsula, un ardor que me hizo gritar al principio fue sustituido paulatinamente por una agradable sensación, la espalda molestaba un poco, así que mezcle un poco del coctel opioide, me sentí mareado, pero muy feliz por un buen rato.

Un pinchazo en el pulgar, rastros ligeros de veneno "alerta mínima", decía el scanner de la cápsula, y un material "inclasificable" en cantidad "no preocupante", "Ácido úrico alto" (el tipo que programó esto debe de estar escribiendo novelas hoy día).

Quedaban suficientes rastros de whisky como para bajarme los emparedados, estaba comenzando a amodorrarme cuando el enema surtió efecto y me lancé cual saeta al inodoro. Por un momento la pantorrilla no fue lo que más ardió en mi cuerpo, mi vista se nubló y todo me dio vueltas, como pude accioné el bidé, me subí los pantalones y trastabillé hasta la cama, y de nuevo se me hizo de noche.

¿Recuerdan esa época cuando su madre iba a despertarlos una y otra vez, pero ustedes no reaccionaban hasta que de reojo veían la hora y faltaban 5 minutos para que fuera demasiado tarde...?. Hacía mucho que algo no me despertaba tan abruptamente, al girarme, dormido, mi rostro quedó de frente al de... "ella"...

Me incorporé en un movimiento, sólo para que mi pierna lastimada falseara y me fuera de espaldas, me levanté como pude, me hundí en el sillón, el shock inicial tardó en disiparse, las palabras de mi padre vinieron a mí -"hijo, no te quedes ahí parado como idiota, ¿Qué tanto piensas?"-, reacción natural en mí, mientras mentalmente repasaba los hechos de la "noche" anterior una y otra vez, la cordura volvió a mí y poco a poco traté de someter todo al escrutinio de la razón.

Hundí de nuevo mi pierna lastimada en la cápsula médica, y empecé a pensar más claramente.

"Era, y es, Imposible". 


No, era, y es, imposible. Debía de llevar meses, quizá años atrapada bajo ese cerro de fierros oxidados, lo normal sería que se pudriera, o que la devoraran las ratas, y aún cuando, quizá, el metal formase una cápsula de vacío protector a su alrededor, cuando la cargué su cuerpo no se sentía frío como el metal circundante, se sentía cálido...

Pero otro recuerdo me asaltó, exactamente dónde la encontré, el scanner me señalaba unos 50 kilogramos de aleación, más o menos lo que ella pesaba. Estaba a punto de saltar y ponerme de pie, pero el recuerdo de tantos golpes me hizo dirigirme con cautela. El Pathfinder acoplado al remolcador no cabía por la puerta del bunker, así que usé el remolcador de emergencia para acercar la cama a la entrada, recuerdo cómo en todo momento me daba miedo tocarla de nuevo. Dejé de respirar, la sangre se agolpó en mi cerebro, mi corazón latía muy rápido, sentía de nuevo el maldito enema en el trasero, los segundos que tardó el scanner me parecieron eternos, ese infame pitido, resultado: POSITIVO.

Como un zombie, llevé el pathfinder al depósito, y puse de nuevo la cama en su lugar. La sangre regresaba a mi cuerpo, me tumbé en el sillón. Comencé a observarla más detenidamente. Piel bronceada, cetrina, pero acusaba cierta palidez, sus rasgos eran regulares y delicados, pero denotaban cierta fuerza de carácter, creo que era mestiza, no podía determinar claramente de qué región podría ser, aunque a estas alturas nace gente de diferentes características en todos lados. ¿20?, ¿25 años?, quizá un poco más, alta, casi de mi estatura, algo más de 1.70, unos 55 o 60 kilogramos, complexión media a atlética, completamente desprovista de pelo, excepto por las cejas y las pestañas, sólo hasta entonces reparé que estaba totalmente desnuda, salvo por un brazalete y un collar muy delgado, me levanté a buscar ropa, ropa limpia, me reí para mis adentros, ¡Carajo!, luego de tantos años de frecuentar espectáculos de burlesque ahora me pongo puritano.

Sólo encontré una camiseta y unos pantaloncillos (limpios), servirían, la vestí, aún con miedo de tocarla, sin embargo bastó un leve roce para reiterar lo que había sentido, su cuerpo estaba tibio. Terminé pronto, me quedé un rato viéndola, dude, dudé otra vez, y volví a dudar, mi corazón y mi mente eran dos torbellinos, de repente sentí un chispazo, mandé todo al diablo y apreté su brazo, un fuerte hormigueo recorrió todo mi cuerpo mientras disminuía la presión, fui deslizando lentamente mis dedos hasta la punta de los suyos... mis sensaciones básicas se mezclaron con mis razonamientos, por un lado, aunque bastante reseca, su piel se sentía tan suave, y por el otro, era innegable, eso era piel...

Un rayo se clavó en mi mente, tan pronto como me llegó la idea, la deseché por estúpida, y del mismo modo la retomé, era mi única opción. Reajusté el PH de la cápsula, la abrí por completo y con ayuda del remolcador auxiliar la puse dentro, okey, sí, la tuve que desnudar otra vez, pero gracias a un pudor imbécil, o qué sé yo, cerré los ojos. Si tenía algo de orgánico, esto la ayudaría. La vi hervir en el caldo de proteínas. Noté que, hasta entonces, no había visto que respirara o algo parecido. Con miedo, revisé la pantalla de la cápsula, 0.5 pulsaciones por minuto. El vapor de mi respiración sobre la pantalla me hizo reaccionar.

En fin, la última vez que vi el pathfinder, tenía la batería al 50%, y mientras más rápido me moviera mejor, salí a recoger de nuevo la carga que había tirado, alcancé a ver a las endemoniadas ratas robando algunas piezas, pero pude recuperar el 90% de la carga en poco tiempo, la espalda y la pierna molestaban bastante, pero tenía que justificar una semana de trabajo. Dejé limpiándose el último lote de tarjetas, ni modo, me darán algunos kilos extra.

Casi todo el trabajo lo hizo mi viejo compañero, lo cual me dio tiempo para pensar y repasar antiguas lecciones.

Volví pronto al bunker, guardé y puse a cargar el pathfinder, dejé limpiando la aleación. Hice mi mejor esfuerzo, pero no pude evitar quedarme viendo la cápsula un buen rato, no me atreví a checar de nuevo los indicadores. Tenía unas diez horas sin comer (34 horas para la llegada del recolector), comí de nuevo, y fui a tomar una ducha, el agua caliente se sentía muy bien en la espalda, pero no en la herida, que cicatrizaba lentamente, cuando me di cuenta me estaba afeitando, me reí para mis adentros -¿Qué pasa Miker, te estás poniendo guapo?-. No quise usar la ropa limpia, me pondría la menos sucia, que resultó ser la que traía puesta, por primera vez en mucho tiempo sentí asco de mí mismo.

 "Frente al Espejo".

Mientras me secaba, noté que de nuevo tenía ese pudor idiota, pues lo hacía dando la espalda a la cápsula, me sentí ridículo, triste y ridículo, triste, solo, y estúpidamente ridículo. No pude evitar recordar que hacía casi un año que no había estado con una mujer, un año desde que me embarqué en este maldito proyecto que sería "la gran oportunidad de mi vida". A estas alturas no vale la pena intentar engañar a nadie ¿Saben?, lo hice para tratar de olvidarla, porque en 5 años no había logrado sacarla de mi mente y de mi corazón, y casi lo había logrado, aunque para hacerlo me había tenido que convertir en un despojo y un remedo de lo que habría querido ser hace unos 20 años, cuando ingresé a la Universidad, maldito sea el infierno, malditos sean todos los demonios que se pudren eternamente en el infierno, maldita sea mi suerte. Lo último que supe de Marián, hace un par de años, es que esperaba a su primer hijo.

En las últimas semanas, ya no me sentía con edad para rehacer mi vida, con edad para volverme a enamorar, y ciertamente, tampoco me sentía con la fuerza para soportar todas las cosas que me habían pasado en las últimas horas, si sobrevivo a esto, lo primero que haré al pisar de nuevo la tierra será consultar un maldito cardiólogo. Ese día aún me tenía una nueva sorpresa, diablos, tan absorto estaba en mis recuerdos, que no reparé en un "pit", ni en el sonido metálico que le siguió:

Mi corazón se detuvo de nuevo por unos segundos cuando vi sus ojos frente a los míos, y escuché su voz:

-Gracias -dijo ella.

Vi su rostro y sus labios húmedos, y el mundo se volvió oscuro de nuevo ¿Saben?...

"Gracias...". 

Continuará...


JVOA. 10 de Mayo de 2011, 4:42:16 AM.

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