"...Hay veces, que mi ser se cubre de oscuridad, y desearía escapar, muy lejos, a donde nadie me encuentre, y mi alma, pese al dolor, alcanza a guiar, si acaso, a mi mano izquierda..."

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jueves, 15 de agosto de 2013

Taller de Escritura: Cicatrices en el Muro.

Como les comenté en un episodio anterior, estoy inscrito en un Taller de Escritura del blog Be Literature, y como ya es día 15, les comparto el relato correspondiente a las inspiraciones de esta quincena.


Advertencia 1: no estoy muy conforme con el relato, especialmente en ciertos puntos específicos, me pasé como por quince minutos, y le falta bastante edición (de hecho no lo he editado más que de los errores ortográficos y los dedazos), pero bueno, las reglas son así por lo que me animo a compartirlo. 

Advertencia 2: Tiene algo de palabras y eventos que pueden incomodar a algunos, si no son de amplio criterio, absténganse [No es tan heavy, pero por si las dudas pongo la advertencia].
Como nota adicional, el dibujo con el que ilustro el dibujo es bastante viejo, del 2000, para ser preciso, por lo que tengo que confesar que hice un poco de trampa, pues se podría considerar un "spin-off" de una historia más grande que estoy desarrollando ("Los Amos de la Oscuridad").

Ampliación: recién subí una revisión del relato. Y añado el comercial que hace poco me atreví a compartir algunos consejos para bloggers, esperando que si es posible les ayude, y si lo desean, contribuir también. Vamos con el relato.


CICATRICES EN EL MURO.

-Vengo solo.

El tipo me barrió con la mirada, de arriba abajo. Iba a echarme, pero cometió el error de bajarse un poco las gafas negras para verme de reojo, clavé mi mirada en él. Pareció dudar, pero no me detuvo cuando entré sin siquiera ser registrado, sólo un par de chicos formados atrás de mí se atrevieron a protestar:

-¡Dale! ¡Porqué  dejás pasar a ese boludo y a nosotros no!

Voltee hacia ellos, bastó una amplia y burlona sonrisa para que el más sensato cogiera al otro de la camisa y se fueran.


Lo mismo pasó con el tipo de la caja, no se atrevió a cobrarme ni revisarme. Me introduje despacio, sin prisa, y a decir verdad, con bastante desgano. Una densa neblina me recibió, seguida de fulgurantes haces de luz que quebraban la penumbra, así como un retumbante escándalo que se incrementaba a cada paso. En el centro de la pista, una multitud de jóvenes se arremolinaban unos sobre todos, aspiré profundamente, y mis pulmones se inundaron con el hedor mezclado de sudor, perfume, alcohol, tabaco y droga, no pude evitar relamerme los labios. Busqué un asiento cerca de la barra, pedí un torrontés, pero sólo había cerveza.

-Anda, sírveme una.

-¿No sos de por acá, cierto?


Su voz musical me turbó de improviso, pero pude fisgarla a través del tarro vacío a medida que daba un largo sorbo. Junto a mí se había sentado una chica que no parecía tener más de 18 años, alta, delgada, cabello rubio lacio, llevaba unas bermudas que permitían ver sus piernas largas y torneadas, rematadas por unos zapatos de plataforma bastante exagerados. Acercó su rostro a mí, mi mirada se clavó en el arcillo que atravesaba su nariz, para luego percatarme de sus ojos azul oscuro. La visión de los ojos claros me llenó, como siempre, de rabia, apreté mi puño contra el tarro, al oír que comenzaba a quebrarse volví en mí.

-No, no, soy de aquí… llegué de las montañas hace un par de días.

-¿Sos de los Andes? –Preguntó, mientras sonreía vacilante.

-No, no soy de ahí… pero de ahí vengo. –Respondí.

-Me gustan los tipos altos y morochos… ¿Sabés?, pero no me simpatiza que a los 30 segundos de conocerme no me inviten una birra…
 
Le hice las señas al barman que me sirviera otro tarro, y uno a ella. Platicamos un buen rato, de nada, por sus ojos y su aroma me di cuenta que no sólo estaba ebria, también estaba drogada. Se reía de todo lo que yo decía, por simple y estúpido que fuera, pareciera que mientras le diera alcohol, ella seguiría feliz conmigo, hasta que al fin escupió:

-Me gusta la birra de este sitio, ¿Sabés?, pero ando buscando algo más fuerte… ¿Entendés…?

-Entiendo.

Su rostro era casi el de una niña, angelical, pero sus ojos rojos la delataban, era como todas, me repugnó de momento, pero sabía dónde estaba, no me había metido en un convento, sabía lo que quería, y como obtenerlo, le mostré la pequeña bolsa con polvo, y me devolvió una falsa y estúpida sonrisa.

-Pero no la tomemos aquí ¿Conoces un lugar más íntimo? –Le dije, sonriendo un poco.

Ella comenzó a reír.

-Vamos a mi departamento ¿Eh?

Nos levantamos, no pareció extrañarle que no pagara la cuenta, y que ni el barman, ni nadie más me reclamara. Casi atravesábamos el pasillo de salida cuando un tipo me tomó del hombro y me detuvo.

-Pará pelotudo, que la piba llegó con nosotros, y se va con nosotros.

Dos tipos más, uno mucho más alto que yo y bastante fornido, secundaron al primero.

-¡Estás mal tarado, me tomé un par de birras contigo y más nada, yo me voy con quien yo quiera!

Las palabras de la chica parecieron tener el efecto contrario a calmarlo, el tipo de la entrada, aún más masivo, amenazó con intervenir, tomé a la chica de la cintura y me di media vuelta, son prestarles atención. El tipo más grande me soltó un golpe por la espalda, que esquivé fácilmente, sin siquiera voltear, le clavé el codo en el costado, sentí como se quebraron dos de sus costillas, y cayó pesadamente en el suelo.

-¡Todos fuera, no quiero bronca acá!

Nos sacaron por la puerta trasera, caminé unas seis calles con la chica, que a medio camino se quitó los zapatos altos, pues apenas podía seguir en pie.

-¿Te gustan mis zapatillas?, no te gustan, se te mira en los ojos…

Me abrazo y me besó, lo que correspondí con un poco de polvo. Casi tuve que cargarla los últimos metros. Llegamos a un edificio de mala muerte, sucio, con ebrios tirados en la entrada. Uno de ellos nos siguió y molestó pidiendo dinero.

-Hey tú, compadre, ¿No tienes algo de plata para un hermano? Andá, no seas…

El hambre y todo lo demás me habían dejado poca paciencia, por lo que, al ver que nadie más nos veía, le aplasté la garganta de un golpe y lo arrojé a un rincón en el descanso de las escaleras.

Al llegar al departamento, la chica apenas pudo tumbarse en la cama, pensé que se había quedado dormida, pero tuvo fuerzas para pedirme un poco más de polvo. Yo estaba perfectamente consciente, como siempre, había metabolizado bastante rápido el alcohol.

-¿Eres tú? –Le pregunté mientas contemplaba una serie de viejas fotos pegadas en uno de los muros.

Sí… yo… y mi madre –balbuceó mientras sacaba más polvo.

Luego de aspirar, la chica se quedó tumbada en la cama. Aparté mi vista de las fotos, la contemplé, relamiéndome, acaricié su pierna, con ganas de tener un “servicio completo” esa noche. Comencé a desnudarme por completo, mi ropa podía adaptarse al cambio, pero en ese momento, mi estómago no era el único que clamaba por ser satisfecho. Me tumbé sobre ella, mientras la besaba, sentí como mis ojos se llenaban de sangre, como mi espalda se arqueaba, mientras todos mis vellos se erizaban, mis músculos se tensaban e hinchaban cada vez más, con una mano desgarré el colchón, mi boca se abrió tanto que babeaba sobre su rostro,  ella apenas reaccionó.

-Vas rápido… ¿Eh?

Se abrazó de mí, no pareció reparar en mi espalda cubierta de vello, mi respiración intensa y desesperada, ni en mis ojos brillantes. Literalmente le arranqué la ropa de un movimiento, lamía su piel, cuando los tres tipos del antro entraron pateando la puerta.

-¡Te voy a llenar el culo de plomo hijo de mil putas!

Si hubieran disparado antes de gritar, quizá, sólo quizá, hubieran tenido una oportunidad. Pero no, gritaron primero, y antes que alguno pudiera apretar el gatillo, salté de la cama y le abrí el estómago al primero de un zarpazo, cayó en el suelo bañado en su propia sangre y vísceras. El segundo, el grande, alcanzó a realizar dos disparos, que esquivé fácilmente, le destrocé el cráneo con dos golpes. El tercero cayó al suelo, soltando su arma, con los ojos desorbitados, bañado por la sangre y los sesos de su amigo, sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos. Gritaba pidiendo piedad, pero en su semblante pude leer que sabía perfectamente que la criatura que estaba frente a él no la tendría. El olor de la muerte y de su miedo me extasiaron por una fracción de segundo, pero fui benévolo, y lo maté con un mordisco rápido a la yugular.

El sabor de la sangre me inundó, pero recordé el “platillo principal”, me di vuelta y me erguí sobre mis patas traseras, cuando un “click” me hizo reparar en el arma en las manos de la chica, que lucía completamente consciente.

-Je… je… las armas… no pueden matarme… niña…


No acabé de gruñir cuando un estallido me interrumpió. No pude evadir el disparo, pero eso no fue lo único que me sorprendió, fue la sensación quemante, y el hilo de plata que escurría de mi pecho. La serie de disparos que siguieron señalaron mis últimos momentos.

Me desplomé, rasgando la pared tratando de sostenerme mientras recuperaba mi forma humana. Quedé de frente a las fotos, dónde pude distinguir un rostro conocido. La chica habló en medio de sollozos.

-Hijo de puta… tú… tú mataste a mi madre…

Las lágrimas la ahogaron. Un hombre viejo, de más de 60 años, pero de figura recia, entró por la puerta sin inmutarse. Su largo cabello cano, sus ojos azul profundo, y su sombrero de ala ancha, me hicieron reconocer a mi enemigo histórico… que para mi sorpresa seguía vivo. Abrazó a la chica, que no paraba de llorar, intentando consolarla.

-Es duro, pero haz hecho lo correcto, no te preocupes.

Se levantó y se dirigió a mí.

-Sé que aún me escuchas. En lo que a mí respecta, habíamos quedado a mano, pero no pude negarme a darle su venganza a esta chica, hasta nunca.

Un estallido más, de nueva la sensación quemante en medio de los ojos, y todo se hizo negro.






12 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho pero se nota por las expresiones que presentas que no eres español. Aquí pelotudo entre otras cosas no se dicen

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    1. Hola, por eso puse la advertencia (la cual creo que remarcaré). No soy español, pero los insultos tampoco son mexicanos (son rioplatenses, hasta dónde sé), me disculpo si alguien se siente incómodo, era otra de las razones por las que no dudaba si publicarlo. Gracias por comentar.

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  2. ¡Qué entretenido! Me ha mantenido enganchada hasta el final y el ritmo me ha sido muy bueno, vaya que ha sido ameno y fácil de leer. Me gusta como escribes :)

    Estoy bastaaante acostumbrada al habla argentina (obviaré el porqué xD) así que no me han molestado las expresiones.

    ¡Sigue así!

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  3. Muy pero que muy intenso. No he encontrado nada que remarcar, y lo de las palabras diferentes, bueno, no supone problema alguno :)

    ¡Saludos!

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  4. Bueno demasiado fuerte para mí, aunque lo habías avisado antes.

    Hay algunos errores. Cuando al principio de la historia dices:
    ``sólo un par de chicos formados atrás de mí se atrevieron a protestar''

    Creo que ese 'sólo' debería ir sin tilde, porque viene de la palabra solamente si no me equivoco.

    Saludos.

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    1. Gracias por leerlo Sofía!!!

      Me dejaste con la duda y lo revisé; "solo" de soledad es sin tilde, y "sólo" de solamente la lleva, aunque la RAE recomienda ya no tildar ambas, aunque los que gusten pueden seguir usándolo =/ saludos.

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  5. Creo que en esta ocasión hay algo rarillo en tu relato aunque no alcanzo a distinguir que es, aun así me ha gustado bastante y los dibujos me encantaron!! Creo que es mi estilo de lectura en muchos aspectos xD

    Saludos!!!

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    1. Son varias cosas "rarillas", :P , aparte de pulir los detalles técnicos, está el recorte de algunas cosas que hice por cuestión de tiempo, en algunas partes da la sensación que "falta algo".

      Qué bueno que te gustó!!!

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  6. Algo falla, pero es totalmente la clase de relato que me gusta ^^

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    1. Fallan muchas cosas ^^, en un par de días subo la revisión, me alegro que a pesar de todo te haya gustado.

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