"...Hay veces, que mi ser se cubre de oscuridad, y desearía escapar, muy lejos, a donde nadie me encuentre, y mi alma, pese al dolor, alcanza a guiar, si acaso, a mi mano izquierda..."

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Jirafas, Okapis y Quetzalcoatlus, Dato Inútil.

Pues como sabrán, anda circulando en redes sociales un reto relacionado con las jirafas, y como soy de los muchos que perdió ¬¬u,  por un par de días, la imagen de mi perfil y el baner del blog tendrán jirafas.

Y como no faltaba más, un par de datos inútil sobre las jirafas:


¡OKAPI!



Durante muchos siglos, se creyó que las jirafas eran animales sui géneris. Sin embargo, por el año de 1890, el explorador y periodista Sir Henry Morton Stanley se hallaba explorando la rivera del río Congo en el centro de África, dónde reparó que, a diferencia de otros nativos de zonas cercanas, los Wambutti de la región no se sorprendían ante la visión de los caballos que llevaba la exploración (animales desconocidos en las selvas del África subsahariana, pues las cebras son naturales de las grandes sabanas). Al cuestionarlos, los nativos refirieron que en lo profundo de la jungla habitaban animales cuyas descripciones resultaban ser una mezcla de ciervos, cebras o jirafas, llamados Okapi u O'api.



Al principio se pensó que se trataba de animales imaginarios de leyenda, pero los nativos corroboraron lo dicho al presentar pieles que no se correspondían con ningún animal conocido hasta entonces. Las descripciones de Stanley inspiraron al naturalista inglés sir Harry Johnston a emprender una expedición a lo profunda de la selva del entonces Congo Belga en 1899, en busca de tan extraña criatura. Aunque nunca pudo avistar un ejemplar, recolectó varias pieles. En una segunda expedición en 1900, consiguió un par de pieles de los cuartos traseros que, al ser analizadas por la Sociedad Zoológica de Londres, se comprobó que no se correspondían con las de ninguna cebra. El Okapi fue descrito como un asno pequeño de color marrón rojizo con patas rayadas como las de un cebra. El descubrimiento fue bautizado inicialmente como Equus johnstoni. Posteriormente, se comprobó que el animal era un artiodáctilo (ungulado de dedos pares, como la jirafa, los ciervos y los bovinos) y no un perisodáctilo (ungulados de dedos impares, como los equinos, los rinocerontes y los tapires), por lo que se rebautizó como Okapia johnstoni.


Siendo un animal poco sociable y asustadizo, con oído y olfato sumamente desarrollados, el Okapi rehuyó durante años su encuentro con el hombre occidental. Fue hasta 1905 cuando luego de nueve meses de exploración, el mayor ingles Powell Cotton pudo ver uno, aunque éste había sido abatido por la lanza de un pigmeo. El craneo y la piel fueron disecados y enviados a Inglaterra, dónde un grupo de pigmeos que habían sido llevados allí, al verlos exclamaron !Okapi! ¡Okapi! Luego de que se creyera extinto, el primer ejemplar vivo fue encontrado hasta el año de 2006, más de 50 años después de su último avistamiento.


El Okapi mide de 1.50 a 1.80 metros hasta la cruz (línea imaginaria del lomo dónde se cruzan la línea de las patas delanteras y el espinazo), y puede pesar entre 200 y 300 kilogramos, con una esperanza de vida de 30 años. Se encuentran en las zonas más inaccesibles de la selva en el norte de la República del Congo, y junto con la Jirafa (Giraffa camelopardalis), son las únicas dos especies vivas que conforman la familia de los Jiráfidos, su dentadura es idéntica, ambos poseen pequeños cuernos recubiertos de piel, y ambos tienen largas lenguas con las cuales son capaces de limpiarse hasta los oídos. Actualmente, el Okapi se haya amenazado por la destrucción de su hábitat.

Lengua y cuernos de Okapi D_D.


QUETZALCOATLUS, SERPIENTE EMPLUMADA.


En 1971, Douglas A. Lawson, egresado de geología por la Universidad de Texas en Austin, descubrió los primeros fragmentos del que eventualmente sería uno de los más grandes pterosarios (reptiles alados) de todos los tiempos. En 1975, tras posteriores descubrimientos, Lawson bautizaba a la nueva especie como Quetzalcoatlus, en honor a la divinidad mexica Quetzalcóatl (Serpiente Emplumada), que, aunque no tenía plumas, hace referencia a que se trataba de un enorme reptil volador.


Se estima que el Quetzalcoatlus tendría una envergadura de hasta 11 metros, tanto como un avión caza de la Segunda Guerra Mundial, y un peso de entre 80 y 200 kg, siendo no sólo uno de los pterosaurios, si no uno de los animales voladores más grandes de todos los tiempos, quizá sólo superado por el Hatzegopteryx.

Hatzegopteryx.

 En años recientes, ya con esqueletos completos reconstruidos, se estimó que estando de pie, un Quetzalcoatlus pudo ser tan alto como la Jirafa actual, pues su cuello era rígido para mantenerlo firme al volar.







"El Nuevo Tesoro de la Juventud". Decimosexta edición, tomo V, págs. 236-239. ISBN 968-33-0103-7.


2 comentarios:

  1. Qué interesante. Me gustó mucho escuchar sobre los Okapi. La vastedad de la vida es tal que hoy día con el conjunto de desarrollos tecnológicos (que a los seres humanos del futuro le parecerán arcaicos [si es que hay humanos en el futuro]) apenas conocemos una parte de los animales terrestres, ya no digamos el océano profundo o las plantas.

    Es bueno saber que estamos acompañados, en un planeta como este, por los Okapi.

    Saludos

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    1. Muchas gracias por tu comentario Roberto, me alegra que te haya gustado el post.

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